La historia del diseño en España se escribe con la persistencia de los objetos que saben acompañar en silencio, lejos de los grandes gestos. Miguel Milá (1931–2024), pionero del diseño industrial e interiorista, habitó el mundo como un observador de la materia más que como un arquitecto de carrera. Su fallecimiento el 13 de agosto de 2024 abre un espacio para revisitar su legado como una deriva por la honestidad de las formas, trascendiendo la mera cronología de éxitos.

Equilibrio entre la tradición artesanal y la intuición técnica

Aunque su formación se inicia en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en 1948 –estudios que abandonaría en 1955–, su verdadero aprendizaje ocurrió en la oficina de su hermano Alfonso y Federico Correa. Para Milá, el objeto cotidiano constituye una «herramienta para la cultura» que alcanza el equilibrio entre la tradición artesanal y la intuición técnica, alejándose de la lógica de la mercancía.

Sus creaciones más icónicas, como las lámparas TMC y Cesta, editadas por Santa & Cole, son ejercicios de slow thinking aplicados a la luz. En una época marcada por el desarrollismo y la incipiente «Sociedad del Espectáculo», Milá apostó por la simplicidad y el uso de materiales nobles: madera, metal y vidrio. Sus piezas ignoran la novedad efímera para abrazar la atemporalidad; se integran en el espacio habitado como elementos que siempre estuvieron allí.

Una vida entre la materia y el arte

Proveniente de una familia ligada indisolublemente al arte –su tío Pedro Milá encargó la Casa Milá a Gaudí–, Miguel entendió el diseño como un motor de impacto positivo en la vida diaria. Su labor, reconocida con el Premio Nacional de Diseño (1987) y el Compasso d’Oro (2008), deviene en una armonía que dialoga con nuestra memoria colectiva, superando la estricta funcionalidad.

Como bien apunta en su libro Lo esencial: El diseño y otras cosas de la vida, el buen diseño nace de una comprensión técnica de la estética y una búsqueda constante de la comodidad. Observar una de sus lámparas permite habitar su filosofía: una luz pausada en un mundo que corre demasiado rápido.


Imagen: Miguel Milá, sin fecha. Foto: sin acreditar


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