Fotografía en blanco y negro de Cristina García Rodero. Tres niños asoman tras una lona oscura; uno de ellos, con los ojos entrecerrados, es sostenido con extrema delicadeza por las manos de sus compañeros, que le acarician la barbilla y el hombro. Una imagen que transforma el cuidado cotidiano en un rito sagrado de protección y ternura.

Recorrer la calle Guillem de Castro este jueves por la noche es chocar de frente con el estruendo de una ciudad que ha olvidado el silencio. En el autobús, los rostros reflejan ese pulso acelerado de quien acumula tareas pero ha perdido la capacidad de mirar. Sin embargo, al llegar al IVAM, el aire cambia. Una multitud inesperada desborda la entrada; no cabe un alma para recibir a Cristina García Rodero. Ante la decepción de quienes nos quedamos sin poder entrar al auditorio donde la artista dará una introducción, el personal del museo nos abre paso hacia la penumbra de la sala de forma anticipada. Al ingresar a la galería 5, el tiempo se fractura: dejamos atrás el asfalto y la urgencia para hundirnos, por fin, en el polvo de los caminos de la «otra España».

Mis zapatos, acostumbrados a la cuadrícula urbana, se sienten extraños ante las más de cien fotografías de “España oculta”. Durante quince años, Rodero no se limitó a tomar fotos; se dedicó a recoger el sedimento de un país que se desvanecía mientras el resto de España miraba con ansia hacia los neones de Europa y los ecos de la Movida. Ella eligió el camino contrario: el de los pueblos donde la vida se mide por ritos ancestrales y no por relojes de cuarzo.

La cámara no es un arma, es una herencia

Me detengo ante una imagen de formato vertical. Un rostro en primer plano, una piel que parece el mapa de una geografía olvidada. La formación pictórica de la artista se nota en la luz, en un blanco y negro que no admite distracciones. No hay sombras que juzguen, solo una claridad cruda que nos obliga a ser parte de la escena. Observo a los niños, a las mujeres de luto, a los hombres que sostienen sus tradiciones como si fueran el único suelo firme bajo sus pies. Hay una verdad aquí que el folclore institucional suele domesticar, pero que bajo la mirada de Rodero permanece indómita y espontánea.

La memoria es un rito que se niega a morir

Al recorrer la muestra, entiendo que esta «otra España» no es solo pasado. Es una tensión entre lo que se ha sido y lo que se pretende ser. En cada gesto capturado, en cada mirada mística, reconozco esa búsqueda humana de significado que trasciende fronteras y pasaportes. Como quien llega de lejos, aprendo que la identidad no es un documento, sino la forma en que nos aferramos a lo sagrado cuando el mundo exterior se vuelve incierto.

Salgo del museo y la noche nos recibe con un ánimo más sosegado. El tráfico sigue ahí, pero el caminar es más lento. Miro a la gente que cruza las calles, oigo las muletillas, las frases hechas, los códigos de un intercambio perenne y me pregunto cuántos ritos invisibles llevamos a cuestas en medio de este tiempo que todo lo devora.

“Cristina García Rodero. España oculta”. Del 4 de diciembre de 2025 al 8 de febrero de 2026. Prorrogada al 22 de febrero de 2026.  Institut Valencià d’Art Modern-IVAM.


El Equipaje

Cristina García Rodero. España oculta. Elviria,  2024. 320 páginas. Edición revisada. Una edición revisada de 320 páginas que permite volver, una y otra vez, a ese diálogo íntimo con la memoria colectiva.

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